
sábado, 29 de noviembre de 2008
domingo, 16 de noviembre de 2008
sábado, 8 de noviembre de 2008
lunes, 27 de octubre de 2008
Special offer
Camino por una calle comercial de Solihull, Birmingham. Sin poder explicar por qué, me fijo de manera consciente en los letreros que invaden los escaparates. En colores chillones y grandes letras (fáciles de leer incluso desde el otro lado de la calle): Buy two, get one for free; Buy one, get one half price (que es, en realidad, la misma cosa); Sale; Further reductions inside; Special offer; Sell now, pay later; 50% discount; Be in it to win it; Loose weight and gain pounds; Half price, autumn's sale; Want to make money from a second property?... Este bombardeo se mueve conforme yo avanzo. Si me quedara quieto (si es que es posible quedarse quieto todavía), se convertiría en francotiradores con armas de gran calibre.
¿Qué queda aquí del hombre? ¿No ha quedado reducido a un generador de consumo? La persona, ese ser humano que salió de entre las piernas separadas de una mujer, chorreando líquido amniótico caliente; ese ser humano que será poco más tarde posiblemente dado a un agujero en la tierra en una caja de madera que le verá descomponerse; la persona, decía, empleará su breve tránsito vital en intentar generar el dinero que le permita aprovechar esas ofertas que "necesita". Asimismo, dedicará su exiguo tiempo libre a disfrutar de su exiguo dinero restante y de la ínfima y marchita alegría que le proporcionan esas tan trabajadas adquisiciones.
Estoy en Birmingham en lo que se ha dado en llamar "viaje de negocios", que en realidad se reduce a gastar medio millar de euros en desplazar a uno de esos perecederos seres humanos para ayudar a eliminar un problema que entorpece el funcionamiento de la gran máquina del consumo.
Quizás todo esto ofrece un retrato -seguramente parcial- no del todo inválido de nuestra sociedad, del tejido del cual somos una maldita y miserable fibra. Lo que me aterra, lo que de verás me da miedo, no es el cuadro en sí que aquí he esbozado. Lo que me hiela el puñado de nervios que bajan por la espina es mi incapacidad para pensar en una alternativa, la ausencia dura y dolorosa de una utopía.
P.S. For the sake of completeness, I'll also mention that all this useless reflection exercise was originally written at the "Shades of Raj", Indian restaurant. While two pints of Cobra and a chicken tikka with fried egg rice were pushed into my anxious organism.
P.S.2. The warm towel at the end of the dinner made all of this and even myself, really pointless.
P.S.3. The aftereight, though, brought me back to reality.
¿Qué queda aquí del hombre? ¿No ha quedado reducido a un generador de consumo? La persona, ese ser humano que salió de entre las piernas separadas de una mujer, chorreando líquido amniótico caliente; ese ser humano que será poco más tarde posiblemente dado a un agujero en la tierra en una caja de madera que le verá descomponerse; la persona, decía, empleará su breve tránsito vital en intentar generar el dinero que le permita aprovechar esas ofertas que "necesita". Asimismo, dedicará su exiguo tiempo libre a disfrutar de su exiguo dinero restante y de la ínfima y marchita alegría que le proporcionan esas tan trabajadas adquisiciones.
Estoy en Birmingham en lo que se ha dado en llamar "viaje de negocios", que en realidad se reduce a gastar medio millar de euros en desplazar a uno de esos perecederos seres humanos para ayudar a eliminar un problema que entorpece el funcionamiento de la gran máquina del consumo.
Quizás todo esto ofrece un retrato -seguramente parcial- no del todo inválido de nuestra sociedad, del tejido del cual somos una maldita y miserable fibra. Lo que me aterra, lo que de verás me da miedo, no es el cuadro en sí que aquí he esbozado. Lo que me hiela el puñado de nervios que bajan por la espina es mi incapacidad para pensar en una alternativa, la ausencia dura y dolorosa de una utopía.
P.S. For the sake of completeness, I'll also mention that all this useless reflection exercise was originally written at the "Shades of Raj", Indian restaurant. While two pints of Cobra and a chicken tikka with fried egg rice were pushed into my anxious organism.
P.S.2. The warm towel at the end of the dinner made all of this and even myself, really pointless.
P.S.3. The aftereight, though, brought me back to reality.
Special offer
sábado, 25 de octubre de 2008
OH.

El bar es oscuro y la madera de las paredes agarra a la luz que quiere escapar. Así ha sido desde hace muchos años, así seguirá siendo. Pero la madera no se sacia de su banquete luminoso.
Entro y me dejo disolver en la atmósfera de humo y música, despacio, como un terrón de azúcar sobre una cucharilla de absenta. Me suben por los pies y se infiltran en mí la música y el humo, hasta gotear despacio por las puntas de mis dedos cansados. Ahora soy invisible en este bar, invisible como lo son las gárgolas sentadas a la barra. Gárgolas invertidas por cuyas bocas entran lluvias de alcohol y sueños. El camarero orquesta presuroso la tempestad: un whiskey doble, un vodka, la propina, ¡hasta mañana! otro chupito, y otro…
Quince mesas metálicas
dormitan torturadas y vencidas.
Rojas batallas sonaron en sus lomos;
sollozos de gigantes derruidos;
penas hundidas,
penas
insondables y esquivas.
Ceniceros cilíndricos,
de vidrio basto tallado sin respeto,
acogieron incendios provocados;
apagaron las llamas del olvido.
En la mano sopeso,
tranquilo,
el minúsculo vaso:
la entrada a un paraíso alternativo.
Soy Notre Dame, me digo,
soy gótico y de piedra y, entonces, me decido.
Borbotea en mi garganta
hasta dejarse caer en mi vacío.
Vacío el vaso,
y yo también,
vacío.
Y empieza, muy despacio, el pequeño milagro del domingo.
Brotan dentro de mí dos manzanos prohibidos,
cabezas de dragones,
ayer, mañana: el tiempo de los muertos y los vivos.
Me giro y, en la puerta, veo esperarme al fantasma de mí mismo:
se ha quedado en la calle sosteniendo el hato de recuerdos que yo he sido.
El tiempo, desterrado, no se queda conmigo.
El reloj aburrido
deja pasar minutos y segundos, torpes, ciegos, cansinos…
los siento deslizarse por mis hombros dormidos.
Sólo tengo mis mil vasos pequeños, mil pequeños amigos,
los guardianes de un templo sumergido.
Ahí me refugio,
dentro,
muy adentro,
tan oscuro y tan tibio,
que pienso que me he muerto o no he nacido.
Y no quiero pensar que hay un futuro:
un fantasma incansable de mí mismo…
quiero volver
atrás
o
a ningún sitio.
Gritaros en la cara que no existo.
OH.
domingo, 21 de septiembre de 2008
La conquista
No ha cesado la lluvia desde el atardecer de hace diez días. Es una lluvia persistente y ciega que ya ha anegado todo. Llueve de día y de noche: sin respirar, sin pausa, sin objetivo. Ellos se acuclillan impertérritos bajos las anchas hojas y se funden con el tiempo y el barro. Pueden pasar horas así, en silencio, con los ojos dormidos y el oído despierto. A veces se dicen algo y sonríen como una granada que se raja. Dura un segundo y ya retornan sus facciones de madera y mimbre.

No consigo dormir en estos días. El humor se me viene oxidando y se filtran unas gotas de miedo. Por la noche, tendido bajo esta techumbre que no detiene el agua, los siento: están ahí como la selva, en su duermevela salvaje e inhumano. Mi cuerpo yace pesado y doloroso: las articulaciones preñadas de agua, los huesos blandos, los músculos podridos. Y ellos respiran más fuerte que la lluvia, agachados e inmóviles. Puedo sentir sus ojos de cuchillo cortando las tinieblas a cada rato. Puedo sentirlos estirarse como un tigre para volver a encogerse como un murciélago. Y sé que no nos respetan. Hemos conseguido que nos teman, sí, con la magia de pólvora y caballos. Hemos clavado un dardo envenenado en sus conciencias sólidas. Caminan de otra forma ahora, conscientes de su sombra y de sus huellas. Pero es un miedo enraizado en el odio, un miedo de tarántulas.
Ayer, mientras comíamos, pude sentir la angustia de los nuestros. Cabizbajos, con las barbas empapadas sobre los cuencos de sopa turbia, se les nota temblar y no de frío. Sus ojos yerran esquivos y sus voces se quiebran huecas y gastadas. Hace dos meses llegamos fulgurantes y vivos. Hoy no somos más que un espectro frágil y enfermizo. Y nuestro miedo no está teñido de ira ni de odio, nuestro miedo es el miedo de un niño que está solo en una noche oscura. El miedo más terrible y más agudo. Veníamos a conquistar y fuimos conquistados. Nos han vencido su silencio pétreo y sus entrañas trenzadas con la jungla. Nos ha vencido que no sepan que existe el tiempo.
Quiero borrarlos de mí, dormir, respirar sin esta coraza lacerante. Quiero olvidar que ayer, al pasar esa mujer con los pechos descubiertos, me rozó el brazo y sonrió con algo anterior a la malicia. Mejor que admitamos que son superiores antes de perder el juicio. Mañana hemos de volver, regresar a donde todo es sencillo. Ojalá consigamos olvidar estos abismos.
Llueve.

No consigo dormir en estos días. El humor se me viene oxidando y se filtran unas gotas de miedo. Por la noche, tendido bajo esta techumbre que no detiene el agua, los siento: están ahí como la selva, en su duermevela salvaje e inhumano. Mi cuerpo yace pesado y doloroso: las articulaciones preñadas de agua, los huesos blandos, los músculos podridos. Y ellos respiran más fuerte que la lluvia, agachados e inmóviles. Puedo sentir sus ojos de cuchillo cortando las tinieblas a cada rato. Puedo sentirlos estirarse como un tigre para volver a encogerse como un murciélago. Y sé que no nos respetan. Hemos conseguido que nos teman, sí, con la magia de pólvora y caballos. Hemos clavado un dardo envenenado en sus conciencias sólidas. Caminan de otra forma ahora, conscientes de su sombra y de sus huellas. Pero es un miedo enraizado en el odio, un miedo de tarántulas.
Ayer, mientras comíamos, pude sentir la angustia de los nuestros. Cabizbajos, con las barbas empapadas sobre los cuencos de sopa turbia, se les nota temblar y no de frío. Sus ojos yerran esquivos y sus voces se quiebran huecas y gastadas. Hace dos meses llegamos fulgurantes y vivos. Hoy no somos más que un espectro frágil y enfermizo. Y nuestro miedo no está teñido de ira ni de odio, nuestro miedo es el miedo de un niño que está solo en una noche oscura. El miedo más terrible y más agudo. Veníamos a conquistar y fuimos conquistados. Nos han vencido su silencio pétreo y sus entrañas trenzadas con la jungla. Nos ha vencido que no sepan que existe el tiempo.
Quiero borrarlos de mí, dormir, respirar sin esta coraza lacerante. Quiero olvidar que ayer, al pasar esa mujer con los pechos descubiertos, me rozó el brazo y sonrió con algo anterior a la malicia. Mejor que admitamos que son superiores antes de perder el juicio. Mañana hemos de volver, regresar a donde todo es sencillo. Ojalá consigamos olvidar estos abismos.
Llueve.
La conquista
martes, 9 de septiembre de 2008
####.. GAME OVER... ..### #

El otro día me rebuscaba en los bolsillos y me di cuenta de que había perdido una moneda: una de estas monedas pequeñas que pasan desapercibidas. Una moneda cuya pérdida no levantaría sospechas. La has paseado durante años en un bolsillo sin prestarle ninguna atención. Pero sabías que estaba ahí. Entonces, un buen día, descuidadamente, merodeas con tu mano y te invade una cierta desazón. ¿No falta algo aquí? Sí, hombre, ¿qué es?... un relámpago de duda te abisma: empiezas a caer desde un escalón que no habías visto… Tu cerebro es una estampida de búfalos en una biblioteca. El pánico retuerce tus intestinos, te hace sudar, trepida punzante por tus venas hinchadas. Y tras unos segundos que han parecido años, un anciano encorvado aparece de detrás de una sombra. Lleva las manos calladas a la espalda. En su rostro hay regueros de historia de tu vida. Puedes ver tus fracasos en los pliegues pequeños de su boca. Puedes ver tus hazañas palpitando en sus sienes marchitas. Puedes ver tu futuro resonando en su ojo. ¿Su otro ojo? En la cuenca vacía llena de noche ves flotar una minúscula moneda. ¿Cómo podrías cogerla? Él percibe tu duda y se adelanta inmutable a tu pregunta. Su voz atruena en ti crispándote los nervios desgastados: “Sé que vienes buscando esta moneda. No pienses que la has perdido ahora. Hace años, cuando volvías a casa de la escuela, se deslizó al vacío sin tú saberlo. Sin tú saberlo, entonces, perdiste la capacidad de divertirte. Hoy vuelves aterrado a mí, desorbitado, y piensas que podrás recuperarla… ¿Cómo crees que podrás recuperarla? ¿No entiendes que has quedado yermo y roto? ¡Vete de aquí, desaparece! Sabe que esta moneda es ahora de otro niño, de alguien que no se ha hecho aún mayor”
####.. GAME OVER... ..### #
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